La hermenéutica tiene sus orígenes en la Antigüedad. Diversos pensadores se concentraron en la tarea de interpretar los textos o escrituras sagradas a fin de diferenciar la verdad de lo espiritual, y esclarecer aquello que resultaba ambiguo o poco claro.
Algunos de ellos fueron Filón de Alejandría, Agustín de Hipona, Martín Lutero, entre otros.
Sin embargo, fue en la Edad Moderna que los estudios en torno a la hermenéutica tomaron mayor forma tras las contribuciones del filósofo Friedrich Schleiermacher, considerado como padre de la hermenéutica.
Entre sus principios propuestos por Schleiermacher destaca la idea de comprender e interpretar el discurso tal cual lo expone el autor, y luego proponer una interpretación aún mejor que esta.
El término hermenéutica deriva del griego ἑρμηνευτικὴ τέχνη (hermeneutiké tejne), que significa el ‘arte de explicar, traducir, aclarar o interpretar’.
Asimismo, la palabra hermenéutica se relaciona con el nombre del dios griego Hermes, el dios mensajero con la capacidad de descifrar significados ocultos.
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