EVANGELISTA GABRIEL PERDONÓ A UNA TRIBU DE ÁFRICA QUE ASESINÓ A SU HIJO

Gabriel es un evangelista en la tribu nómada Turkana en el este de África. Un día, su hijo de 3 años luchaba por respirar, debieron llevarlo a la clínica más cercana, pero no había ningún médico. El plantel decidió ponerle una máscar ade oxígeno y llevarlo a un hospital de un pueblo cercano, pero su ruta debía atravesar el territorio de tribu enemiga.

Gabriel y su mujer fueron detenidos por tres hombres armados. Cuando los ladrones vieron que el cura no tenía dinero, le sacaron la máscara de oxígeno a su hijo y huyeron. A Gabriel y su mujer no les quedó otra opción que abrazar a su pequeño mientras él hacía esfuerzo por respirar. Tristemente, el hijo de Gabriel murió.

Meses después, el evangelista recibió la novedad, de parte de un líder de otra iglesia, que la gente de la tribu enemiga habían recibido el Evangelio y recibido a Cristo como su Salvador. El líder de la iglesia le invitó a apoyarle. “¡Debes estar loco! ¡Estas son la gente que mataron a mi hijo!”, respondió Gabriel.

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Pero, las semanas siguientes, el Espíritu Santo comenzó a ablandar el corazón de Gabriel y aceptó sumarse al grupo que compartiría las Buenas Novedosas en la aldea donde murió su hijo. Gabriel llegó junto al grupo católico y se hallaron con un pequeño grupo de nuevos creyentes en la tribu ‘enemiga’. “El líder Gabriel compartirá su testimonio”, expresó Galen Burkholder, principal creador de Global Disciples.

Mientras contaba la narración de la desaparición de su hijo, tres hombres en el grupo se pusieron parado. “Nosotros somos los que te detuvimos en el sendero. Merecemos fallecer. Hay un arma en la esquina. Cógelo y dispáranos. Lo sentimos.”, confesaron, alzando sus brazos.

El corazón de Gabriel latía poderosamente y ​​su cabeza maquinaba cómo responder a los hombres que le sacaron la vida a su único hijo. Pero el Espíritu Santo se le guió. Cruzó la salón y extendió el perdón en el nombre de Jesús abrazando a sus tres nuevos hermanos en Cristo.

Hoy, Gabriel trabaja en grupo con los mismos hombres para llegar a una tribu que una vez consideró ‘enemiga’ y están siendo transformados por el poder del Evangelio. En este momento, nos percatamos que el cariño de Dios, cura todas las lesiones.