Virtud de dominio propio

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Comienza un nuevo mes, el mes de Mayo, donde haremos énfasis, en lo que el Apóstol Pedro también ponía énfasis en su 2 Carta capítulo 1: En que nosotros como cristianos, necesitamos sumar a nuestras vidas espirituales las virtudes de la Gracia de Dios; las cuales nos proporcionan certeza y seguridad en este proceso de parecernos más y más a nuestro Señor Jesucristo.

Hasta ahora hemos estudiado como el apóstol Pedro comenzó a aconsejarnos que debíamos poner toda diligencia en añadir a nuestra fe. Esto significaba que no podemos conformarnos a recibir la salvación y quedarnos en el mismo sitio; sino que debíamos crecer y desarrollarnos.

Como hijos de Dios, tenemos que crecer, por eso debíamos de añadir a nuestra fe, Virtud, esta debía ser excelencia en nuestra manera de pensar, sentir y actuar y que mejor manera que hacerlo a la manera de Cristo.

Y continuamos aprendiendo que debíamos Añadir… a la virtud, conocimiento. Necesitamos conocer a Dios, a Jesucristo y al Espíritu Santo, pero no superficialmente, sino por experiencia, por intimidad.

Pero allí no queda todo, necesitamos seguir creciendo y desarrollándonos, por eso ahora el apóstol Pedro nos pide ahora en este versículo que nos toca estudiar, que debemos añadir a nuestro Conocimiento, DOMINIO PROPIO:

2 Pedro 1:6. “Al Conocimiento, Dominio propio; al Dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad”.

DEFINICIÓN DE DOMINIO PROPIO.

Buscando información en internet sobre este tema, me dio risa al encontrarme en primera línea “Tu dominio propio por 1€ al mes”. Cuán fácil sería conseguir esta virtud por esta cantidad, pero si somos realistas en una virtud que no podemos conseguir con dinero y por la que necesitamos pedir al Espíritu Santo que nos la de.

La palabra “Dominio Propio” en muchas oportunidades se aplica a los hábitos de moderación con referencia a comer y beber; pero esto es solo una parte de lo que realmente significa.

La palabra griega que se refiere al Dominio Propio es “Enkrateía”. La etimología de esta palabra ayuda mucho a comprender su significado. Enkrateia viene de la raíz griega -krat, que significa tener poder o señorío sobre las cosas o sobre uno mismo; transmite la idea de uno que tiene el dominio de sí mismo de forma habitual y que sabe gobernar el yo. Dueño de sí mismo.

Los griegos usaban esta palabra con frecuencia para referirse a la disciplina personal en todo lo relacionado a los sentidos. Esta palabra también traduce como “Templanza”.

La templanza, es moderación y control de los pensamientos, de los afectos y del comportamiento en las cosas temporales –aun cuando estas no sean malas en sí mismas–, es una gran virtud y muy necesaria en la vida cristiana. Es, de hecho, un camino positivo de dominio sobre uno mismo y sobre lo que el mundo nos ofrece.

Vemos así que esta virtud señalada por el Apóstol Pedro tiene una relevancia muy fuerte en nuestro tiempo. En medio de una cultura que cultiva constantemente la búsqueda del placer sin freno y la satisfacción inmediata de gustos y caprichos, la templanza aparece como un horizonte que va contra la corriente de los tiempos actuales.

Ya nos lo recordaba el Apóstol Pablo: Debemos “vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente” (Tito 2:12).

ES FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO.

En Gálatas 5:23, aparece que Dominio propio es un fruto del Espíritu.

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Gálatas 5:22-23 “22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

Aunque “Dominio Propio” aparece varias veces en el AT y el NT; la palabra Templanza solo aparece una vez y es precisamente en el versículo que acabamos de leer.

DEFINICIÓN DE TEMPLANZA.

El diccionario de la Real Academia Española tiene varias definiciones para Templanza, pero hay una que me parece la más importante:

“Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.”

El Diccionario Bíblico Cristiano define la Templanza como Virtud que permite el control de las pasiones, especialmente los apetitos sensuales (2 Ped. 1:4-8).

Diccionario de la Biblia Cristiano define la palabra templanza que proviene del latín temperantia, en referencia a la moderación de la temperatura; en análogo sentido, el adjetivo templado se aplica al medio entre lo cálido y lo frío, y también a lo que mantiene cierto tipo de equilibrio, cohesión o armonía interna.

Una persona con templanza reacciona de manera equilibrada ya que goza de un considerable control sobre sus emociones y es capaz de dominar sus impulsos y apetitos y controlar con moderación la atracción que ejercen los placeres a partir de la razón.

La templanza refleja el dominio de la voluntad humana y permite poner límites a los deseos (generalmente vinculados al pecado). La templanza permite que la persona sea equilibrada y sopese su tendencia natural hacia los placeres de los sentidos y el recogimiento espiritual.

La religión cristiana explica que las energías destinadas a satisfacer los deseos de los sentidos pueden volverse destructivas, y que es gracias a la virtud de la templanza que la personas pueden reconocer cuáles son sus necesidades reales (aquellas que colaboran con su desarrollo y con su bienestar) y cuáles son las necesidades creadas a partir de los deseos inagotables que surgen por el ego y que, por lo tanto, perjudican al individuo.

En este sentido, la templanza dota a los seres humano de libertad, ya que impide el surgimiento de vicios o el sometimiento a los impulsos.

La enciclopedia libre define la templanza como la virtud cardinal que recomienda moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. En un sentido más amplio, los académicos la definen como sinónimo de “moderación, sobriedad y continencia”.

La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas.

Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

La persona por si sola, no puede alcanzar la virtud de la templanza, sino que necesita de la ayuda de su Creador, por lo tanto, es necesario orar a Dios para lograr obtener dicha virtud. Esto no quiere decir que todo depende de Dios sino que es necesario también el esfuerzo humano para alcanzar dicha virtud.

2 Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

 

Moreiba Cabrera