Fundan una Escuela de Exorcismos para derrotar a Satanás

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Buenos Aires (AFP) – Manuel Acuña rocía agua bendita y bate su crucifijo, después pone su mano sobre la mujer sudorosa y chillona enfrente de él.

Esto no es una película de terror. Es una misa “luterana” de la vida real en la escuela de exorcismo evangélico de Acuña, considerada una de las primeras en Latinoamérica.

El cura luterano de 54 años, con gafas, entrena a los laicos como “consultores de exorcismo”.

“Ellos estudian el carácter del diablo y cómo trabaja”, ha dicho a la AFP, en medio del rico olor a incienso.

“El consultor de exorcismo va a ser con la capacidad de saber dónde hay un caso de una presencia demoníaca, la posesión, la opresión, la obsesión o una maldición.”

Acuña tiene un con pasión rastreo. Multitudes de cientos acuden a su iglesia del Buen Pastor en las noches de exorcismo.

Además se ha ganado la sospecha de compañeros clérigos.

Sus 35 alumnos abonan $ 47 dolares al mes por su curso de tres años, a tiempo parcial, en “Parapsicología, Angelología y Demonología”.

Insiste en que no se habla del dinero.

“El secreto de lo invisible hace fascinación en varias personas, pero además mucha crítica”, ha dicho.

“Me han llamado toda clase de nombres, pero no he elegido ser un exorcista, es un llamado de Dios”.

Las Fotos en una pared detallan a Acuña conociendo a celebridades y también al Papa Francisco, un argentino compañero.

Pero en contraste con Francisco y de la mayor parte de los otros latinoamericanos, Acuna mismo no es católico.

Es obispo protestante de la Organización de Iglesias Evangélicas Luteranas Independientes de Nueva York.

El clero en otras 4 iglesias luteranas contactadas por la AFP se distanció de Acuna y su escuela.

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“Tenemos que cuestionarnos cuánto de lo que se comunica es verdad, y cuánto es negocio?” Ha dicho uno de ellos, el curaEsteban Tronovsky, que piensa que el exorcismo es imposible enseñar.

“¿Cuánto hablamos de ganar fama, prestigio, poder y dinero? ¿Y cuánto de todo lo que verdaderamente está relacionado a la realidad de Dios?”

Acuña dice que hizo unos 1.200 exorcismos. Por el momento recuerda la primera.

En 2001, una adolescente empezó a retorcerse y comentar en lenguas a lo largo de una misa.

“Ese día, con mi primer exorcismo, me presenté al diablo”, dice. “Ser un exorcista se transformó en mi estilo de vida”.

Las sesiones por mes del exorcismo público de Acuña en su iglesia en un suburbio de Buenos Aires son asuntos ruidosos y interesados.

En una actividad social de esta clase asistida por la AFP, los competidores se desmayaron y gritaron mientras los demonios parecían poseerlos.

Una mujer escupió un líquido rojo. Acuña ha dicho a AFP que era porque había “hecho un pacto (con el diablo), sellado con sangre animal”.

Los alumnos de Acuña tienen dentro amas de casa, abogados, escritores y arquitectos.

Una de ellas, Gloria Sánchez, de 60 años, ha dicho que solía vivir en una vivienda embrujada.

En este momento quiere estudiar “ayudar a otra gente a sobrepasar, comprender y solucionar esas situaciones”, dice.

“Este curso me está dando explicaciones a muchas vivencias en mi vida que nadie podría explicar”, ha dicho.

“Me siento bendecido con poder, para estar haciendo este curso a mi edad.”

En una de las sesiones de entrenamiento de Acuña, Eduardo Klinec, de 53 años, practicó lo que aprendió.

Él dió a conocer cómo prender una vela para utilizar en un exorcismo. “Con el conocimiento,” ha dicho, “su miedo y escepticismo desaparecen.”

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